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Cómo la experiencia de Lanzadera, la mejor aceleradora de España, está mejorando mi startup

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Lanzar una startup es una aventura apasionante, pero no es como la gente piensa.

Crear una empresa es mucho más difícil y menos romántico de lo que nos cuentan en las películas. No hay una fórmula mágica o un botón que nos permita, de la noche a la mañana, alcanzar de repente el éxito, los fondos, los clientes o el dinero.

Lo que en cambio ocurre, es que cada día aparecen problemas que jamás habrías podido predecir ni anticipar, y se necesitan tanto trabajo esfuerzo y tantas horas que tu trabajo y tu vida acaban girando en torno a una obsesión.

Para superar estos retos necesitas tener pasión por lo que haces y llegar a formar un carácter con el que, de alguna forma, acabe “divirtiéndote” solucionar cada desafío que te toca afrontar.

Hay una frase que me gusta mucho y que intento tener presente cada día: “El pesimista ve la dificultad en cada oportunidad y el optimista ve la oportunidad en cada dificultad”.

 

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Lanzadera, justamente, encuentra ese segundo tipo de personas y, según mi experiencia después de un par de meses en el programa, sirve de gran ayuda sobre todo aportándote tres “antídotos” extremadamente valiosos para cualquier startup que expondremos a continuación.

Lanzadera como antídoto ante la soledad

Cuando eres emprendedor puedes sentirte verdaderamente solo. Es cierto que tienes a tu equipo, y que, si tienes suerte como en nuestro caso, se trata de un equipazo (sé que mucha gente piensa que su equipo es el mejor, pero si hubiera una forma posible y objetiva de medir esto, sería verdaderamente difícil vencer el nivel de calidad y compromiso que tenemos en Hipoo); pero a veces no es suficiente.

No es suficiente porque se tienen contextos distintos. Un emprendedor se preocupa de cosas por las que un compañero no tiene que preocuparse. La responsabilidad y el peso que suponen los inversores que han apostado su dinero en ti, la preocupación de pagar las nóminas o no llegar a final de mes, la preocupación de fracasar públicamente…

Lanzadera crea un ecosistema de emprendedores como yo, que, en cierto modo, tienen las mismas preocupaciones y responsabilidades. Y si bien es cierto que cada negocio tiene sus peculiaridades en ventas, estrategia, legal, etc., estar rodeado de un entorno lleno de gente que está pasando por lo que tu estás pasando, un entorno de gente que ha experimentado, o va a experimentar, los mismos problemas, es verdaderamente poderoso.

Lanzadera como antídoto ante el miedo

Desde el primer día, hay un mensaje que se percibe en cada empleado de Lanzadera: Es hora de actuar.

Aquí no está permitido sentarse y esperar, porque la acción es la mejor cura ante el miedo. El mensaje, aunque no se diga a viva voz, es claro y nítido: nuestro destino está en nuestras manos. Así, nos toca usar este tiempo para ejecutar, crear, y hacer cosas que nos hagan estar mucho mejor que antes. Sin excusas.

Para que se de esa acción tan necesaria, te asignan un director de proyecto. Los directores de proyecto son personas muy exitosas en sus carreras profesionales, “curtidos” (en el sentido positivo de la palabra) tras miles y miles de batallas empresariales y que además se preocupan, de verdad, por tu negocio y por que triunfes.

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En cierto modo, el director de proyecto asume muchos roles: se convierte en un mentor dando consejos; en un Co-CEO cuando marca objetivos, con seguimiento y exigiendo resultados; en un advisor cuando te presenta a ese especialista de marketing, producto o de legal; en un compañero cuando revisa y corrige un plan de negocio…

Como analogía, para contar con el apoyo de alguien así, si no existiera Lanzadera, tendrías que pagar decenas de miles de euros a un consultor externo. En Lanzadera esto lo dan gratis; o gratis, al menos, desde el punto de vista monetario, porque aquí en Lanzadera se busca el dar-recibir. Siempre dan mucho pero también piden y exigen mucho. Piden que cumplas con tus objetivos, que trabajes mucho, que seas diligente, que aproveches los recursos, que te muevas rápido y, sobre todo, que tengas hambre por resultados.

En definitiva, piden que aceleres. No por nada son la mejor aceleradora de España.

Lanzadera como antídoto del caos

Antes de entrar en Lanzadera infravaloraba la importancia de tener una cultura y unos valores sólidos. Pensaba que una empresa acababa teniendo un conjunto de valores y una cultura por la suma unitaria de los valores y principios de cada uno de los compañeros, y que esa “forma de ser” de la empresa no debía ser “dirigida”, si no más bien crearse por sí sola. Pero estaba equivocado.

La cultura y los valores no sirven solo para ponerlos en tu página web y, de alguna forma, pregonarlos a compañeros para que, por lo menos, todos pudiéramos decir que esa parte está cubierta.

Es difícil verlo porque los conceptos valores y cultura son algo abstractos, difíciles de trasladar con palabras. Es algo así como: si no lo vives no lo crees, si no lo vives no lo interiorizas.

Cualquiera que piense como yo pensaba y vaya a Lanzadera, se dará cuenta de la misma forma que me he dado cuenta yo.

Lanzadera y su maravilloso Modelo de Calidad Total consiguen, desde la primera sesión, que te des cuenta de que estabas dejando de lado probablemente el pilar más importante de tu empresa. Por decirlo de algún modo, descubrir el Modelo de Calidad Total es como darte cuenta de que estabas empezando a construir la casa por el tejado; y consiguen hacértelo ver gracias a los innumerables ejemplos y situaciones que comparten contigo sobre su experiencia en Mercadona. No me quiero extender mucho, pero solo puedo decir, desde el yugo de la retrospectiva, que esto es extremadamente importante para que todos los negocios del mundo construyan su propio modelo.

De hecho, en mi opinión, este último antídoto es probablemente el más poderoso que te enseñan en Lanzadera; ni el dinero, ni los recursos, ni toda la ayuda del mundo.

Las empresas que consigan construir un modelo propio y sólido habrán ganado.

Aunque parezca sencillo, no es una tarea baladí: debes decidir qué es lo que más valoras. Luego debes ayudar a todos los compañeros a interiorizar y practicar determinados comportamientos. Tienes que prestar mucha atención a cómo se comporta la gente, pero aún más atención a cómo te comportas tú mismo; y hay que ser intransigente aun cuando el contexto y las fuerzas te inviten a dejar de serlo. ¿Cómo está afectando este hecho que acaba de ocurrir a nuestra cultura? ¿Ese compañero está entendiendo el principio y cómo lo debe de aplicar?

Sin embargo, a pesar de la dificultad, debemos perseverar, porque quien lo consiga, como me gusta decir, disfrutará de superpoderes por varios motivos:

  1. Tener un modelo equivale a definir la forma de ser de tu empresa.Se trata de crear las reglas de juego para garantizar que todos vayan en la misma dirección, que todos estemos recorriendo el mismo camino, a pesar de que cada uno tengamos, por ejemplo, formas de vestir distintas. Cuanto todos compartimos las reglas de juego y sabemos hacia dónde vamos, existe mayor autonomía, más eficiencia y más compañerismo. Si lo piensas por un minuto, el 90% de los problemas en las empresas se producen por falta de comunicación o interpretaciones diferentes, porque cada persona ve el mundo de distinta forma. La mayoría de los problemas son entre personas; porque al final, las empresas, son un 99% personas y un 1% lo demás.
  2. Tener un modelo consiste en enfocar y coordinar los esfuerzos para lograr resultados. Indirectamente te ofrece las bases para tener una buena estrategia, porque delimita tu rango de acción y deja claro en qué enfocarse y en qué no, y hace que tengas que decir “No” a algunas metas, iniciativas, procesos o personas. Aunque pueda parecer contraproducente, la mala estrategia es el resultado de un líder que no quiere o no puede decir “No”. La razón por la que una buena estrategia parece tan simple es porque requiere de mucho esfuerzo mantener la coherencia diciendo “No” a muchas cosas y solo “Sí” a las que importan y a las que están en línea con tu empresa.
  3. Tener un modelo pone el foco en el cliente. La estructura tradicional de las empresas, en la que el CEO está en la parte superior de la pirámide y el resto está en la parte inferior, se ha invertido. El modelo gira alrededor de este nuevo cambio de paradigma empresarial que hemos vivido en la última década. En la versión moderna de empresa, los clientes están en la cima y son lo más importante en la pirámide. En el segundo nivel están los empleados y finalmente está el CEO y el capital. La idea es que cuanto más alto sea tu título o tu aportación monetaria, mayor debe ser tu trabajo para apoyar a los que están por encima. Lo que significa que, mi trabajo y el de los inversores que hemos invertido en Hipoo, es servir a nuestros clientes y al resto del equipo.

Lo que esta pandemia no puede quitarnos es el orgullo que sentimos cuando nos levantamos, nos miramos en el espejo y nos decimos “Lo hice, lo logré”.

Ninguna pandemia puede eliminar eso, porque está dentro de nosotros. Eso es lo bonito de embarcarte en un programa como Lanzadera, porque todos los que estamos aquí, sin importar el tipo de empresa, sin importar nuestro origen, nuestros estudios, nuestra capacidad financiera, o cualquier otro tipo de circunstancia, sabemos que nada de esto fue fácil. Llegar a los objetivos requiere trabajo duro y perseverancia, y es necesario siempre ese deseo de querer ser mejor cada día que pasa. Además, se necesita tomar riesgos.

En mi opinión, como conclusión, participar en Lanzadera debe ser un riesgo que deberían estar dispuestos a tomar todos los emprendedores de España, no solo porque te ayudará a acelerar, sino porque también te ayudará a construir un negocio más tangible y robusto.

Así que, si tienes una startup, te animo a que actúes y solicites entrar al programa, porque igual que para mi está siendo una experiencia muy enriquecedora, lo puede ser para ti. Pero recuerda: “Cuando mucho se te da, mucho se espera de ti”

Juan_HIPOO_CEO_firma

 

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